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Fabián Zurita encontró en las montañas una fuente de vida, de filosofía, de poesía. Su lema era simple: montañismo para todos. Cuando subir era cosa de pocos, él abrió las cumbres del Ecuador a todo el mundo.

Todo comenzó en 1950, cuando un joven de 15 años subió por primera vez el Illiniza Sur. En 1964 construyó el primer refugio de alta montaña del Ecuador en el Chimborazo. Fundó clubes, creó la revista Montaña y llevó a sus propios estudiantes al Rucu Pichincha. En 1974, con 23 personas en una hacienda de Machachi, nació Aire Libre.

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Desde sus primeros pasos, Aire Libre fue algo distinto. No un campamento de actividades — una escuela de vida donde el silencio, la naturaleza y el esfuerzo eran los verdaderos maestros.

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Su filosofía nació de una certeza profunda: que el contacto real con la naturaleza, lejos de toda atadura, devuelve al ser humano a su esencia. Que quien aprende a subir una montaña aprende, sobre todo, a conocerse a sí mismo.

Más que un campamento, una escuela de vida

LO QUE NOS MUEVE

No buscamos entretener, buscamos formar. La alegría verdadera aparece cuando hay esfuerzo, convivencia y superación.

Una filosofía de vida

Lo que comenzó como una convicción personal se convirtió en el referente educativo en naturaleza más consolidado del Ecuador. Generación tras generación, familias que vivieron Aire Libre de niños hoy traen a sus propios hijos. No porque se los recomienden — sino porque lo que se vive aquí no se olvida. Ese legado sigue vivo y sigue creciendo.

"Las verdaderas alegrías solo brotan del esfuerzo."

— Fabián Zurita, fundador Aire Libre

Un legado que trasciende generaciones

Fabián Zurita no solo subió montañas — las comunicó. Escribió en los principales diarios del país, fundó la revista Montaña y difundió las cumbres cuando nadie más lo hacía. Su voz convirtió lo desconocido en inspiración. Lo que nació como una convicción personal hoy trasciende generaciones, llegando a nuevas familias que buscan para sus hijos una formación real, profunda y lejos de toda superficialidad.

Aire Libre no se explica. Se vive.

Lo que comenzó como una intuición se transformó en un espacio donde generaciones han aprendido a convivir, decidir y sostener el esfuerzo. Aire Libre no se explica, se transmite a través de quienes lo viven.

Aire Libre no se explica. Se vive.

Lo que comenzó como una intuición se transformó en un espacio donde generaciones han aprendido a convivir, decidir y sostener el esfuerzo. Aire Libre no se explica, se transmite a través de quienes lo viven.

Aire Libre no se explica. Se vive.

Lo que comenzó como una intuición se transformó en un espacio donde generaciones han aprendido a convivir, decidir y sostener el esfuerzo. Aire Libre no se explica, se transmite a través de quienes lo viven.